Es el
recurso que el autor usa para embellecer la obra y en este caso se utilizó
figuras pintorescas dentro de los cuales resaltan la técnica retrato que
consiste en describir tanto el aspecto físico como moral de un personaje.
“¿Qué
decir de mi madre…? Doña Francisca Marroquín era una dama linajuda que se casó
por amor con el excelente caballero don
Luis de Mendoza, muerto en plena juventud. Era muy blanca, muy dulce, muy
tímida (…) tenía los ojos aterciopelados
y la boca infantil y graciosa.” (Turcios, 1910, pág.8).
La técnica topografía, que es la descripción
de lugares.
“Un vasto jardín,
circuido por un alto muro de piedra, rodeaba la casa por el sur. Arboles
centenarios de rumorosa fronda extendíanse de un extremo a otro, y sombreaban
eternamente aquel lugar dándole un aspecto tristón de cementerio de aldea.” (Turcios,
1910, pág.7).
Otra de las figuras literarias que Turcios utilizo fueron las lógicas, de las cuales tomo la aliteración que consiste en repetir un sonido.
“Un ronco rugido, que se asemejaba a un trueno subterráneo,
lo hizo saltar de la cama, al amanecer.” (Turcios, 1910, pág.77).
Utilizó también las metáforas que pertenecen a figuras
literarias Tropos, ya que hace constantes comparaciones de los personajes con la
naturaleza, y de la naturaleza con objetos preciosos.
La mañana parecía de diamante, el cielo fulgía sin una
nube (…)
(…) su paso era como un rubor de seda y cuando hablaba sus
palabras melodiosas perfumaban como las flores.
(Turcios, 1910, pág.10).
Durante toda la obra se manifestó la conminación, pertenecientes a las figuras
patéticas. Y ésta es cuando hay amenaza
o anuncio de terribles males.
Y se pudo observar cuando Rogerio era presa de
horrorosos males antes de malignos sucesos.